El tiempo ha llegado,

dijo la morsa, de hablar de muchas cosas...

Akarrú

Nacimiento

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Navidad es tiempo de alegría y celebración mucho antes de que Jesús naciera.

“¡La virgen ha parido! ¡La luz ha aumentado!”

Con estos gritos los antiguos sirios y egipcios abandonaban las capillas en las que se reunían el 25 de diciembre.

Los egipcios adoraban ese día el nacimiento del Hijo del Sol, pues ese día se alineaban los tres astros del Cinturón de Orión (las que conocemos como Las Tres Marías) señalando al punto por donde el Sol sale, indicando que a partir de ese momento los días empiezan a ser más largos. Estas tres estrellas representaban a tres reyes que venían a adorar al niño-dios Horus.

En esta época los sacerdotes tonsurados de Isis tocaban las campanas y hacían procesiones con imágenes de la Madre y el Hijo. A ella dirigían sus oraciones en maitines y vísperas, y en nombre de ella hacían aspersiones con agua bendita y bautizaban a los niños.

Era habitual representar a la madre y al niño coronados, con Isis portando la corona que contenía el disco solar, Ra, representando al padre del niño. La madre abraza al niño dios para amamantarlo, símbolo de fertilidad, habitual en todas las religiones matriarcales.

La estrella de Isis era Sirio, la estrella de los navegantes, que llamaban Stella Maris, estrella de los mares, el mismo nombre que hoy dan los navegantes a la Estrella Polar que está asociada a la Virgen María, quién  se encomiendan para el éxito en sus travesías marítimas.

La imagen de Stella Maris de la Basílica de Nuestra Señora en Maastrich) en los Paises Bajos recuerda a la imagen de Isis y el niño coronados. Aunque en este caso el niño se encuentra abrazado a la Virgen, y no en posición de amamantar. coronada con el niño

La Madre Astarté

Más al oriente, entre los pueblos semíticos se adoraba a la gran Virgen Celeste o Diosa Celestial, una de cuyas formas era Astarté, conocida como Ishtar en Mesopotamia y que los hebreos denominaban despectivamente como Astoret o Ashthóreth, y que deriva en el hebreo en Esther. La que incluso en algún momento fue adorada por los Judios, pero cuyo culto fue condenado por Samuel: “Si ustedes se vuelven al Señor de todo corazón, dejen de lado a los dioses extraños y a las Astartés que hay en medio de ustedes; dirijan sus corazones hacia el Señor y sírvanlo sólo a él. Así el Señor los librará del poder de los filisteos.”, así que hay en el abandono al culto de Astarté un cálculo militar, era la forma de derrotar a los enemigos.

Los sumerios la identificaban con Innana, la diosa del amor, la naturaleza y la fertilidad. Y para los griegos era Démeter y a veces Afrodita. Siempre se asociaba su imagen a Venus, el Lucero del Atardecer. Acá la vemos amamantando a Tammuz, una de las imágenes de la Madona más antiguas de la humanidad:

25 de diciembre

No hay en los evangelios una fecha para el nacimiento de Jesús, la fecha del 25 de diciembre fue adoptada alrededor del año 353 por el Pontífice Liberius. Originalmente los cristianos de egipcio adoptaron el 6 de enero para celebrar el nacimiento de Jesús, era la misma fecha en que se celebraba la elevación de Sirio (Sothis) sobre el horizonte, anunciando la temporada de la subida de las aguas en el Nilo, aspecto vital para la agricultura de ese país.

Sin embargo, los patriarcas romanos decidieron cambiarla al 25 de diciembre, para quitarle protagonismo al festival del nacimiento de Mitra. Tenemos un testimonio de aquellos tiempos que dice: “La razón de que los Padres transfirieran la celebración del 6 de enero al 25 de diciembre fue ésta: era costumbre de los paganos celebrar en el mismo día 25 de diciembre el nacimiento del sol, haciendo luminarias como símbolo de la festividad. En estas fiestas y solemnidades, tomaban parte también los cristianos. Por esto, cuando los doctores de la iglesia se dieron cuenta de que los cristianos tenían inclinación a esta fiesta, se consultaron y resolvieron que la verdadera Navidad debería solemnizarse ese mismo día, y la fiesta de la Epifanía en el 6 de enero. Por esa razón y continuando la costumbre, se siguen encendiendo luminarias hasta el día 6.”[1]

Por esta razón, también nosotros adornamos nuestras casas y árboles con luces de colores, porque recordamos la antigua fiesta pagana del nacimiento de Mitra, quién trae la luz al mundo.

Navidad

El culto de Mitra, de origen persa, una suerte de herejía al zoroastrismo, nos cuenta que su dios nace en una caverna. Este dios portador de luz se origina en el antiguo Irán alrededor del segundo milenio antes de Cristo, sin embargo una versión mistérica de su culto es traída a Roma por las legiones, y se instituye como una poderosa religión, que compite con el cristianismo durante los primeros siglos de nuestra era. Sabemos poco de estos cultos, pues sus ritos eran secretos, y lo que sabemos principalmente a través de su iconografía y los restos dejados en los Mitreos, antiguos templos de esta religión. La imagen del costado corresponde al rostro de Mitra, sobre su cabeza está el famoso gorro frigio.

Lo que si sabemos es que su fecha más importante y pública era el 25 de diciembre, donde se celebraba su nacimiento con un festival de luces. Este festival había desplazado en el imaginario romano a la Saturnalia, festival que se celebraba a partir del 17 de diciembre, y que terminaban con la solemnidad del Sol Invictus, el 25 de diciembre. En la Saturnalia está uno de los orígenes de nuestro día de los inocentes.

El 25 de diciembre, o día del Sol Invictus, fue en Roma la fecha de conmemoración de tres dioses en distintas épocas: Helios, El Gabal y Mitra, y posteriormente con el ascenso del cristianismo se consagró en la fecha de Navidad, o nacimiento del mesías Jesús, todo esto en tiempos del Emperador Constantino.

Los primeros tallados de la escena del nacimiento de Jesús están llenos de simbolismos.

Según Joseph Campbell:

“Hay una hermosa tradición sobre la escena cristiana de la Natividad. La primeras tallas de la escena se encuentran en los sarcófagos de los siglos II y III. Uno de los más tempranos muestra al niño en la cuna, rodeado por el asno, el buey y los Magos. Originalmente, la Navidad y la visita de los Magos eran lo mismo. Los Magos, en este caso particular, llevan el sombrero cuya forma se parece al gorro francés de la libertad, del dios Mitra. Son magos, es decir, son sacerdotes del Señor Mitra. El burro, en ese momento, era el animal simbólico de Set, y el buey  era el animal simbólico de Osiris. Recordamos el conflicto de los dioses egipcios Set y Osiris y que Set mató a su hermano Osiris. Allí vemos a los animales de Set y Osiris, reconciliados en el Cristo niño.  Estos dos poderes, uno de la luz y otro de la oscuridad, se unen en él. Le están dando su aliento igual que el Dios alentó Su Espíritu. Las figuras heróicas mayores conceden su poder a las más jóvenes, y los Magos representando a Mitra se unen alrededor del nuevo Rey.”[2]

Y así, como ha sucedido con todas las antiguas religiones del mundo, en el sincretismo las viejas tradiciones dan paso a las nuevas. Los viejos dioses siguen viviendo en el símbolo de la nueva religión, pero no desaparecen del todo.

Buey y Asno rodeando al niño Jesús, Sarcófago de Stilicone, siglo IV, Basílica de San Ambrosio en Milán

Adoración de los Magos, detalle del Sarcófago Dogmático c. 330-340 dc. Notar los gorros frigios de los magos.

[1] La Rama Dorada, James George Frazer, Fondo de Cultura Económica, segunda edición 1951, pagina 414.

[2] Tú eres eso, Joseph Campbell, Emecé Editores 2001, página 107

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