El tiempo ha llegado,

dijo la morsa, de hablar de muchas cosas...

Akarrú

Matar al Padre

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De los diez mandamientos judeo cristianos, el primero exige que amemos a Dios, el segundo que no pronunciemos su nombre en vano y el tercero que santifiquemos sus fiestas. Que dios más egocéntrico digo yo.

Recién en cuarto mandamiento aparecen nuestros padres: Honrarás a tu padre y a tu madre. Después vienen los mandamientos más prácticos: 5 No matarás, 6 No cometerás actos impuros, 7 No robarás, 8 No dirás falsos testimonios ni mentirás, 9 No consentirás pensamientos ni deseos impuros, 10 No codiciarás los bienes ajenos. No está claro cuales son los actos y pensamientos impuros, pero es lo que hay. Y hay gente que quiere que esto sea usado como base legislativa para nuestra sociedad…

Pero hablemos de los padres, después de todo es el día del Padre, resulta que el cuarto mandamiento es usado como fundamento por los conservadores. En grupos ultra católicos se enseña que la autoridad viene de Dios hacia nuestros padres, y que las autoridades son el reflejo de la idea del padre en la sociedad.

Así el presidente es el padre de la nación, y debe velar de ella. Las autoridades son reflejos de nuestros padres, y debemos respetarlas como respetamos a nuestros padres. Toda autoridad civil es un reflejo de la autoridad familiar: el padre, y debemos seguir el precepto del cuarto mandamiento, honrarle, obedecerle, el no hacerlo nos hace pecadores. Insisto, esta es la visión de algunos católicos y cristianos ultra conservadores, también se ve en ciertas corrientes ortodoxas de las religiones patriarcales, como el judaismo y el islám.

Esta lectura del cuarto mandamiento es siniestra en mi opinión.  Afortunadamente no todos los cristianos tienen esta visión tan extrema. Esta visión asume que el padre no se equivoca, que es la persona que sabe lo mejor para nosotros y cuya autoridad no debe ser cuestionada. Esto se inculca en la mente de los jóvenes con el fin de quitarles su libertad de rebelarse, de reclamar contra lo que es injusto, no les deja madurar. Este paternalismo, basado en esta falsa interpretación, lamentablemente es adoptado por una parte poderosa de nuestra dirigencia, por gente con mucho poder económico y fáctico.

Yo mismo he caido en ese abuso. Fui criado por un modelo en que la autoridad del padre no se discutía, y que el respeto sólo se ganaba por la simple razón del título embestido: “Soy tu padre, y debes obedecerme”.

Eso no es sano.

Hace un tiempo escribí:

Joseph Campbell nos cuenta que en los antiguos rituales de iniciación, el niño se enfrenta a un hombre adulto que lleva una máscara ritual. Durante toda su corta vida se le ha explicado que esas máscaras representan a los dioses, y ahora, en el interior de una cueva, debe enfrentarse a uno de ellos, representado por un guerrero (probablemente su padre) que porta esta máscara con todo el poder divino. Y el chico debe luchar con Dios hasta derrotarlo. Eventualmente el guerrero se dejará vencer y en ese momento se quitará la máscara y la pondrá en el rostro del muchacho, con este acto mágico el niño se hará hombre. El niño debe morir para resucitar como adulto a través de esta lucha con Dios, para entender el sentido del poder sagrado. El joven ha vivido durante catorce años en un estado de dependencia, de protección y sumisión a sus padres, bajo la autoridad de los adultos. Son ellos los que han decidido por él. Es este paso, este ritual de enfrentarse a la máxima autoridad, de luchar contra Dios, el que nos revela el tremendo poder de la libertad de la vida adulta, pasamos a un estadio de mayor responsabilidad, y autodeterminación. Este es el sentido de esos antiguos rituales con máscaras de los habitantes de Tierra del Fuego. Esta es la razón por la que tanto nos aterran estas máscaras, porque son mágicas, poderosas, símbolos atávicos en el interior de nuestro subconciente, símbolos de poder y misterio.

Finalmente esta actitud de falsa autoridad no es más que una máscara, el ritual de inicación que teníamos en la antigüedad y que aún algunas pocas tribus practican es de una sanación increible. Es el paso para alcanzar nuestra madurez, este asesinato ritual de dios, del padre en definitiva, es el paso que debemos dar para alcanzar la libertad de la vida adulta.

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