El tiempo ha llegado,

dijo la morsa, de hablar de muchas cosas...

Akarrú

Sobre la verdad (1)

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Fragmentos de la despedidad de Milagros Pérez Oliva, defensora del lector de el Diario El País:

Una visión cínica del periodismo sostiene que la verdad no existe. Que puede haber tantas verdades como interpretaciones de la realidad. Este planteamiento es una gran trampa. Creo que los periodistas hemos sido negligentes al descuidar la defensa de la verdad. Porque la verdad, en periodismo, existe. Al menos existe la verdad de los hechos, la verdad factual. Aquello que es cierto y es comprobable.

La verdad no es un compromiso entre sus diferentes versiones. Y, sin embargo, potentes aparatos de influencia saturan el espacio informativo con versiones y contraversiones destinadas a falsear la realidad. Más que informar, lo que hace este tipo de periodismo es desinformar. Porque la falsa neutralidad del periodismo de versiones otorga las mismas oportunidades a quien dice la verdad que a quien miente. Y porque la verdad incómoda tiene más dificultades para imponerse al ruido mediático creado para sepultarla. Piensen en el cambio climático. Piensen en todos esos imputados por corrupción que se presentan como víctimas de una persecución política. Piensen en esos sindicalistas presentados como expoliadores, mientras los expoliadores aparecen como brillantes gestores.

Muchos lectores me han preguntado cómo es posible que ante un mismo hecho puedan aparecer versiones tan antagónicas como las que pueden leerse en los diferentes medios. La facilidad con que los lectores pueden observar ahora esas diferencias ha aumentado su escepticismo respecto de lo que les contamos. ¿Cómo saber quién miente y quién dice la verdad?

La sociedad está saturada de información y la prensa trata de adaptarse a los nuevos requerimientos ofreciendo un periodismo más interpretativo. Pero la interpretación no puede ser una coartada para la deformación. Hemos de partir de los hechos para llegar a su interpretación y no al revés. El problema es que hay prácticas periodísticas que prescinden de los hechos o que los distorsionan hasta conseguir que coincidan con la versión que quieren imponer. Su objetivo es distorsionar la realidad, y si es posible, crearla.

Desconfíen de quienes anteponen la interpretación a la demostración. El periodismo interpretativo debe basarse en hechos y datos comprobables. Y desconfíen también de aquellos textos que no hacen un esfuerzo suficiente para demostrarles cómo han llegado a la versión que sostienen. El periodismo de interpretación no puede ser la gran coartada para eludir, ignorar o sepultar la verdad. O para entronizar lo que el filósofo norteamericano Harry G. Frankfurt denomina “la tergiversación engañosa próxima a la mentira”. En dos obras de referencia sobre esta cuestión que me permito recomendarles, On Bullshit y Sobre la verdad (Paidós), Harry G. Frankfurt expresa su preocupación por el aumento de la charlatanería y por las consecuencias que puede tener la indiferencia de la sociedad hacia la verdad.

 Harry Frankfurt desarrolla las muchas razones por las que “ninguna sociedad puede permitirse despreciar o no respetar la verdad”. La verdad tiene, desde luego, una utilidad práctica, pues necesitamos datos fiables para tomar decisiones correctas. Pero no es solo por utilitarismo por lo que hemos de defender la verdad: “Una sociedad que de forma imprudente y obstinada se muestra negligente [ante la verdad] está abocada a la decadencia. (…) Las civilizaciones nunca han podido prosperar ni podrán hacerlo sin cantidades ingentes de información fiable sobre los hechos”

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