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Akarrú

La mordida de un mono

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[caption id=”attachment_438” align=”alignright” width=”180” caption=”Alejandro I, rey de Grecia entre 1917 y 1920”][/caption]

Un cuarto de millón de personas murieron a causa de una mordida de mono, declaró Winston Churchill en 1922. Se refería a un curioso incidente que involucra a un perro, dos monos y un rey.

El rey es Alejandro I de Grecia, quien paseaba a su perro por los jardines del palacio real, un mono ataca al perro, el rey interviene, y un segundo mono muerde la mano del rey. Estamos en 1920, no hay antibióticos, la mano se infecta, Alejandro I, rey de los helenos muero de la infección. Este hecho desencadena una serie de eventos que terminan con el retorno desde el exilio de su padre, Constantino I,  y una posterior campaña militar contra Turquía que provoca la muerte de aproximadamente 250.000 personas. En cierto sentido Winston Churchill no exageraba. Por cierto, la guerra no es producto de la muerte del rey, pero probablemente esa guerra específica no se hubiera cumplido si el rey no hubiera sido mordido por el mono. Después de todo era un rey joven y saludable, podría haber sobrevivido varios años más y Constantino I, su padre, no habría vuelto del exilio y la tragedia se habría evitado.

Azar, caos, mordidas de mono. La historia está llena de eventos como este, triviales, a veces ridículos, pero cruciales. En 1923 una marginal figura política, Adolf Hitler, intentó un golpe armado en las calles de Munich. En un breve tiroteo murieron 16 personas. Hitler fue herido, pero sobrevivió y fue enviado a prisión. En su celda escribió Mein Kampf y planeó su futuro. Pero, ¿si una de las balas hubiera seguido otra trayectoria y la herida hubiera sido mortal? Probablemente los nazis no hubieran alcanzado el poder que lograron, no habría sucedido la segunda guerra mundial. La historia sería  distinta.

El rey que podría haber mantenido la paz no sobrevive a una mordida de mono, y el dictador sangriento se salva de una herida de bala. Ironías de la historia.

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