El tiempo ha llegado,

dijo la morsa, de hablar de muchas cosas...

Akarrú

Salomé

| Comentarios

Salomé Alejandra fue la última reina de Judea, antes de que una serie de incidentes y  la ayuda de los romanos, llevaran a Herodes el Grande al poder,  el rey al que se le atribuye la matanza de los inocentes. Pero su hijo, Herodes Antipas, es también famoso por una serie de pasajes en los evangelios. Quizás el más notable es la historia del baile de los siete velos de su hijastra Salomé, quien le pide a cambio la cabeza de Juan el Bautista, un episodio que ha inspirado a muchos artistas[1], incluyendo una obra de teatro de  Oscar Wilde y una famosa ópera de Richard Strauss.

[caption id=”attachment_407” align=”alignleft” width=”300” caption=”Salomé besando la cabeza de Juan Baustista, pastel de Lévy-Dhurmer, 1896”][/caption]

En el evangelio de Mateo Salomé pedía la muerte de Juan por instigación de su madre Herodías, a la que Juan reprocha convivir con Herodes a pesar de estar casada con Filipo, hermano de Herodes, pero en las versiones de Wilde y la posterior adaptación de Strauss a ópera la historia cambia de la siguiente manera:

“La historia transcurre en una noche de luna llena en el palacio del rey, durante el reinado de Herodes Antipas y narra la historia de Salomé y Juan el Bautista. Hastiada de la fiesta que se celebra en palacio la joven princesa de Judea, Salomé, pide ver al extraño prisionero que alojado en la cisterna proclama la llegada del Mesías. Es Jokanaan (Juan, el bautista). Al contemplarlo, Salomé se enamora y le ruega que acceda a sus deseos carnales. El profeta la rechaza violentamente y la maldice. La joven jura venganza, es la primera vez que alguien no accede a sus caprichos.

El pervertido Herodes que gusta de su hijastra Salomé, le pide que baile a cambio de un deseo, cualquier deseo que tenga. Salomé le hace jurar que cumplirá su palabra, y a pesar de las protestas de su madre Herodías, la esposa de Herodes, baila la danza de los siete velos. Luego de bailar, Salomé pide su deseo: la cabeza del profeta en un bandeja de plata.

Herodes intenta desesperadamente satisfacerla con otras cosas para persuadirla de su insensatez. Pero ella está convencida de que lo único que desea es la cabeza del hombre. Finalmente Herodes accede. La ejecución del Bautista es el punto álgido de la obra, no se ve en escena pero la orquesta es la encargada de registrar el momento.

Un guardia entrega la cabeza en la bandeja a Salome que enloquecida de placer hace el monólogo culminante de la ópera “Ah, no quisiste besarme, ahora yo te besaré”. Desquiciada, le declara su amor ante la mirada espantada de los presentes. En el momento en que la princesa besa la cabeza sangrante del profeta, Herodes ordena a los soldados que la maten.[2]

Así entra en la historia de la humanidad la imagen de Salomé como una juvenil mujer fatal. La historia es tan impactante que pocos recuerdan a otra Salomé, la discípula de Jesús que acompaña a María Magdalena durante la crucifixión. [3] En el apócrifo Evangelio de los Egipcios Salomé pregunta al Maestro,  «¿Durante cuánto tiempo estará en vigor la muerte?», y Cristo le responde  «Mientras vosotras, las mujeres, sigáis engendrando».

Pero hay otra mujer que compartió este nombre, con una vida de novela, y de enigmática influencia entre grandes artistas y pensadores del siglo XIX y principios del XX.

¿Vas con mujeres? No olvides el látigo

“Suponiendo que la verdad sea una mujer -, ¿cómo?, ¿no está justificada la sospecha de que todos los filósofos, en la medida en que han sido dogmáticos, han entendido poco de mujeres?, ¿de que la estremecedora seriedad, la torpe insistencia con que hasta ahora han solido acercarse a la verdad eran medios inhábiles e ineptos para conquistar los favores precisamente de una mujer?” - Nietzsche, “Más allá del bien y el mal [4]

[caption id=”attachment_408” align=”aligncenter” width=”447” caption=”Lou von Salomé, Paul Rée y Friedrich Nietzsche”][/caption]

La fotografía muestra a Lou Andreas von Salomé, Paul Ree y al filósofo Friedrich Nietzsche. Es una imagen alegórica ideada por el mismo Nietzsche. La fotografía está inspirada en una xilografía de Hans Baldung Grien, “La Belleza hostiga con su fusta a la sabiduría”, de 1513, la que se inspira en una anécdota sobre Aristóteles, según la cual, estando el filósofo enamorado  Herpyllis, la esclava de su esposa Pythia, ella le ordenó ponerse en cuatro patas y, látigo en mano, se montó sobre él como si se tratase de un animal de carga[5].

[caption id=”attachment_410” align=”aligncenter” width=”236” caption=”Aristóteles montado por Herpyllis”][/caption]

La fotografía fue tomada en 1882. La joven Lou tenía 21 años. Posteriormente ella escribiría respecto a esta fotografía que:

 ”Nietzsche se empeño en hacer la fotografía de nosotros tres, a pesar de las violentas protestas de Paul Rée, que conservó toda su vida un terror enfermizo a la reproducción de su rostro. Nietzsche en plena euforia, no sólo insistió en hacerla, sino que se ocupó, personalmente y con celo, de la preparación de los detalles -como la pequeña carreta (¡que resultó demasiado pequeña!), o incluso en la cursilería del ramo de lilas, etcétera.”

Aparte de la alegoría, y la metáfora crítica hacia Aristóteles (cuya metafísica quería destruir), ¿cuál fue el motivo de Nietzsche de hacer esta fotografía? Probablemente la explicación más evidente es que simplemente el filósofo, el gran misógino, se había enamorado.

Zaratustra enamorado 

Se decía que cuando Lou Andreas Salomé conocía a un intelectual, a los nueve meses este engendraba un libro.

Mujer de gran belleza, nacida en San Petesburgo en 1861, hija de un general Ruso Judío, fue la única mujer entre seis hermanos. Cuando tenía 17 años, tras la muerte de su padre, convenció al predicador alemán Hendrik Gillot de que le enseñara teología, filosofìa y religión. Gillot, que era 25 años mayor,  tenía dos hijos, uno de los cuales se enamoró de la joven. El problema fue que el maestro también se enamoró de su discípula, al grado de preparar su divorcio. La joven Salomé al sentirse acosada y culpable convence a su madre de que abandonen Rusia y viajen a Italia, además de huir, el viaje la ayudaría a mejorar su salud, afectada probablemente por la tuberculosis.

[caption id=”attachment_411” align=”aligncenter” width=”179” caption=”Lou Andreas Salomé en 1914 (a la edad de 53 años)”][/caption]

En esa época el escritor, filósofo y jugador empedernido Paul Rée llegaba a Roma, después de perder su fortuna en Montecarlo. La misma tarde de su llegada conoce a la joven rusa, y escribe impresionado a su amigo Nietzsche, a quien invita a conocerla. Años más tarde Lou recuerda el encuentro con el filólogo alemán de esta manera:

“Recuerdo este aire solemne ya en nuestro primer encuentro que tuvo lugar en la iglesia de San Pedro, donde Paul Rée se entregaba a sus notas de trabajo con entusiasmo y devoción, sentado en un confesionario orientado a la luz, por lo que había dicho a Nietzsche que acudiera allá: las primeras palabras de saludo que me dirigió fueron las siguientes: ”¿De qué estrellas venimos y hemos caído para encontrarnos aquí?”. Pero lo que tan bien comenzara experimento luego un cambio que nos sumió a Paul Rée y a mí en nuevas inquietudes en cuanto a nuestro plan que había complicado de forma imprevista el tercer llegado. Nietzsche pensó más bien que la situación se había simplificado: hizo de Rée portavoz para proponerme un matrimonio. Muy preocupados reflexionábamos de que manera podíamos solucionar la situación sin que peligrara nuestra trinidad. Ante todo se decidió que se explicaría a Nietzsche, claramente, mi fundamental aversión al matrimonio. Pero además se daba la circunstancia de que yo vivía sólo de la pensión de mi madre, que percibía como viuda de general, y que al casarme perdería el derecho a la pensión que se concedía a las hijas únicas de la nobleza rusa”

Lou Salomé ya había rechazado la propuesta de matrimonio de Paul Ree, y Nietzsche al conocerla a los pocos días quería casarse también con ella. Ella les propone una relación de trabajo conjunta, para que los tres fundara  una comunidad de estudio de la filosofía. Nietzsche prende con la idea, embarcarse en un trabajo de 10 años de estudios para la fundación de una escuela filosófica nueva, pero todo se empieza a complicar con el tiempo. El plan nunca prospera. De acuerdo a las confesiones de Salomé, ella nunca gustó de Nietzsche, y además en ese tiempo no tenía interes alguno en el sexo (según otro testimonio se mantuvo virgen hasta después de los 30).

El amor y el rechazo de Salomé, fue uno de los elementos que pemitió la concepción de la obra maestra de Nietzsche: “Así habló Zaratrusta”. Esta es la idea que nos propone Iván Rodrigo García Palacios, en su artículo-juego  Zaratustra enamorado, probablemente el rechazo de Salomé fue el germen de la obra:

“Un éxito en la relación amorosa con Lou hubiera significado para Nietzsche la última oportunidad para volver a encontrar el camino hacia las personas; como le fue negado, ello lo volvió a encerrar definitivamente ya en su desesperanzada y amarga soledad”[6]

Fue esto probablemente lo que cimentó la fama y la crítica de Lou Salomé, algunos la tildaron de arribista intelectual, y seductora de genios, incluso algún artículo en internet la ha llamado la primera grouppie. Pero hay muchas evidencias de que Lou Salomé fue realmente el amor más importante del filósofo: ”Decidí en Orta darle a conocer a usted, la primera, toda mi filosofía. ¡Ah! no tiene idea de que decisión fue aquella: creía que no se podía hacer mayor regalo a alguien” le escribe en una carta.

Carta de Friedrich Nietzsche a Lou von Salomé en Stibbe, Tautenburg cerca de Dornburg, 2 de julio 1882, Turingia:

 ”Mi querida amiga:

¡Por fin el cielo se ha abierto sobre mí! Ayer al mediodía pareció como si fuera mi cumpleaños: llegó su promesa, el más hermoso regalo que nadie hubiera podido hacerme en este momento -mi hermana me envió cerezas. Teubner me mandó las tres primeras pruebas de la “Gaya Ciencia”, además acababa de terminar la última parte del manuscrito y con ello la obra de seis años (1876-1882), todo mi “Libre pensamiento”! ¡Qué años! ¡Qué torturas de todas clases, que soledades y que hastío de la vida! Y para poder hacerles frente contra la muerte y contra la vida, he preparado esta medicina, mis pensamientos con una pequeña franja de cielo abierto sobre ellos: querida amiga, cada vez que pienso en todo esto me trastorno, me conmuevo y no sé como he podido lograrlo. Un sentimiento de autocompasión y de victoria me invade por completo. Pues es un triunfo completo ya que incluso la salud física ha aparecido y todo el mundo me dice que parezco más joven que nunca. ¡El cielo me libre de hacer locuras! Pero desde ahora, estaré bien aconsejado por usted y nada tendré que temer.

[…] No quiero estar más solo, y quiero convertirme de nuevo en un humano. ¡Ah, todavía tengo que aprenderlo casi todo en ese dominio!

¡Acepte mi agradecimiento, querida amiga! Todo saldrá bien como usted ha dicho”

[caption id=”attachment_418” align=”alignright” width=”180” caption=”El poeta Rainer Maria Rilke”][/caption]

Sabemos lo que pasó, Nietzsche fue rechazado, pero culminó su obra, “Zaratrusta, mi hijo”, y después viene el ocaso, la locura y la muerte. Salomé escribiría años más tarde una controvertida obra analizando el trabajo de Nietzsche. Ella tenía una idea, de que los sistemas filosóficos debían reducirse a los actos de los filósofos. Una idea que fue comentada por un enamorado Nietzsche en una carta de septiembre de 1882:

“Mi querida Lou: su idea de reducir los sistemas filosóficos a los actos personales de sus autores es precisamente una idea de su “cerebro hermano” (otros traducen: “alma gemela”). En este sentido yo mismo enseñé historia de la filosofía antigua en Basilea y me agradaba decir a mis oyentes “este sistema está refutado y muerto pero la persona que se esconde tras él es irrefutable, a la persona no es posible matarla” - por ejemplo Platón”

Después de rechazar a Nietzsche, Lou viajó a Berlín junto a Paul Reé, y vivieron juntos, hasta que ella contrae matrimonio con el profesor de linguistica Carl Friedrich Andreas, el que mantienen como una relación abierta. El profesor no tenía problemas en que ella siguiera siendo amante de Rée, pero este último no pudo soportar la situación y la dejó. Posteriormente ella conoce al joven poeta alemán Ranier Maria Rilke, catorce años menor que ella. Se hacen  amantes, ella le enseña ruso, y ella lo lleva a Rusia a conocer a Leon Tolstoi. Después de terminar su relación de amantes el siguió considerándola su musa y pidiéndole consejos. Siguó escribiéndole, y en muchos sentidos ella se convirtió en su sicóloga.

A principios del siglo XX entra en contacto en Freud y el sicoanálisis, a través de la hija del psiquiatra. En ese periodo conoce y entabla amistad con el discípulo maldito de Freud, Victor Tausk, un personaje que vale la pena explorar en otra oportunidad. Salomé hizo grandes aportes al psiconálisis  y contaba con la admiración de Sigmund Freud.

En 1937 muere, a los 76 años de edad, en Gottingen. H.F. Peters, su último esposo, publica su biografía:  ”Lou Andreas-Salomé, mi hermana, mi esposa”, título que nos sugiere lo importante y fascinante que siguió siendo esta mujer hasta sus últimos días.


Salomé

Estas son las historias de cuatro Salomé, la poco conocida reina judía, la caprichosa y cruel princesa de los evangelios, la olvidada  discípula de cristo, y la fascinante musa y filósofa rusa, cuatro mujeres que representan el misterio y la atracción de la mujer.

“El verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso ama a la mujer: el más peligroso de los juegos” - Nietzsche, Así habló Zaratrusta.

Notas:

[1] Este post de Alenarte Revista, contiene más detalles de la historia de Salomé y una selección de obras que se han realizado en el tiempo inspirados en su historia.

[2] tomado de este artículo) en Wikipedia.

[3] Evangelio de Marcos 15:40, y en los evangelios apócrifos de Tomás y el Evangelio Secreto de Marcos y el mencionado Evangelio de los Egipcios.

[4] Hay una versión libre disponible en la web acá.

[5] Posteriormente al enviudar de Pythia Aristóteles se casó con Herpyllis. Junto tuvieron como hijo a Nicómaco, célebre por ser el destinatario de su tratado sobre ética.

[6] La frase es de Curt Paul Janz citado por Iván Rodrigo García Palacios en Zaratustra enamorado, un artículo que recomiendo leer.

[7] Citado en Zaratrustra enamorado.

Comments