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dijo la morsa, de hablar de muchas cosas...

Akarrú

Perseo, Medusa y Pegaso

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Inaco, el dios fluvial fundó la ciudad de Argos. Junto con la ninfa Melis tuvo un hijo y una hija: Foronéo e Ío. Los antiguos habitantes de la región de Argos llamaba Ío a la luna, y fue en su honor que Inaco llamó así a su hija. Seducida por Zeus, la joven se entregó al dios en el lago de Lerna, al ser sorprendidos por Hera, la celosa esposa del dios, Zeus la convirtió en una ternera. Hera le exigió que se la entregara y la dejó al cuidado del gigante de cien ojos Argos.

[caption id=”attachment_64” align=”alignleft” width=”300” caption=”Ío, vigilada por Hermes, es rescatada por Hermes”]Ío, vigilada por Hermes, es rescatada por Hermes[/caption]

Zeus le pidió a Hermes, el dios de los ladrones, que rescatara a Io del gigante. Hermes tocó la flauta y logró que Argos cerrara sus cien ojos, y lo mató con una piedra afilada. Hera clamó venganza, y en honor del gigante colocó sus ojos en la cola del pavo real, su ave favorita. La diosa persiguió a Ío la que se vió obligada a huir a Egipto, donde tuvo a su hijo Épafo, conocido en ese país como el divino buey Apis. A Ío se le atribuye la introducción del culto de Isis (Deméter) en Egipto.

Su hermano Foronéo se cambió el nombre a Argos, y gobernó la ciudad fundada por su padre. Con el tiempo Argos fue conquistada por Dánaos,  de cuyo nombre deriva el nombre de  la raza griega de los dánaos o aqueos, y cuya historia, con todo lo interesante que es, la vamos a postergar para poder llegar a nuestro héroe.

Se dice que Acrisio, descendiente de Dánaos, y esposo Aganipe era  un rey de un caracter terrible. Con su esposa sólo había logrado tener a una hija, la bella Danae. Cuando preguntó a un oráculo cómo podría tener hijos varones, recibió como respuesta: “no tendrás hijos, y tu nieto te matará”.

Para impedir que esta profecía se cumpliera Acrisio encerró a su hija Danae, en un calabozo con puertas de bronce, y custodiado por fieros perros. Para permitirle respirar, el calabozo tenía un agujero en el techo, a través del cual se coló Zeus en forma de lluvia de oro, fue de esta forma que engendró a Perseo.

Acrisio no se atrevía a matar a su propia hija, así que la encierra, junto con su hijo, en un arcón que arroja al mar. El cofre llega a la isla de Sérifos, donde el pescador Dictis los encuentra enredados en su red. Dictis rescata a la mujer y al niño y los lleva a la presencia de su hermano, el rey Polidectes, quie cría a Perseo en su casa.

Perseo y la Cabeza de MedusaPerseo creció y se opuso a que Polidectes se casara con su madre. Finalmente el rey decide urdir un plan para librarse del joven. Entonces Polidectes reunió a su corte y fingiendo interés por casarse con  con Hipodamia, hija del rey Pélope, les solicita a sus amigos y familiares que le entreguen un caballo cada uno para llevar como regalo al rey Pélope.

  • Desgraciadamente - contestó Perseo - no tengo oro, ni caballos pero si me prometes casarte con Hipodamia, y no con mi madre, me las arreglaré para conseguir el regalo que me pidas, incluso la cabeza de la gorgona Medusa.

Polidectes encontró entonces la excusa perfecta para eliminar a Perseo, y aceptó gustoso la oferta. Con lo cual se inicia la expedición de Perseo para obtener la cabeza de Medusa.

Medusa era una de las tres gorgonas. La palabra gorgona (en griego γοργώ gorgō o γοργών gorgōn, ‘terrible’), denotaba a un monstruo femenino (curiosamente, la esposa de Leonidas, el famoso rey espartano, héroe de la batalla de las termópilas, se llamaba Gorgo (Γοργώ)).

Las gorgonas eran tres hermanas, Esteno, Euríale y Medusa. Las tres eran mujeres muy bellas, y al parecer eran deidades muy antiguas (en algún momento escribiré sobre la idea de la triple diosa, que aparece referenciada muchas veces en este mito). Medusa se acostó con Poseidon en el templo de Atenea, con lo que se ganó su enemistad. La diosa la transformó en un “monstruo alado, con ojos deslumbrantes, grandes dientes, lengua saliente, garras afiladas y cabellos de serpiente, cuya mirada convertía a los hombres en piedra.

Como Atenea era enemiga jurada de Medusa, decidió apoyar al joven Perseo en su aventura. Le mostró las imagenes de las gorgonas para que supiera distinguir a Medusa de sus otras hermanas, le advirtió sobre no mirarla directamente a los ojos, y le entrega un escudo pulido, para que lo use para mirar el reflejo del monstruo. También lo ayuda Hermes quien le entrega una hoz diamantina, para que pueda cortar la cabeza de la gorgona. Pero además necesita otras cosas, como unas sandalias aladas, un zurrón mágico para guardar la cabeza, y el yelmo de Hades que le volvía invisible. Estos objetos estaban al cuidado de las ninfas del Estigia, cuyo paradero sólo era conocido por las Grayas.

La Grayas también eran tres hermanas, con forma de cisne, que compartían un solo diente y un solo ojo entre ellas. Vivian a los pies del monte Atlas, y allá se dirigió Perseo. Astutamente les arrebato el ojo y eldiente mientras se lo pasaban entre sí y les dijo que sólo se los devolvería cuando le revelaran la ubicación de las ninfas del Estigia. Con esta información, y con ayuda de Hermes, pudo robar los objetos mágicos y se dirigió al país de los Hiperbóreos (al norte), donde vivían las gorgonas. Medusa se encontraba durmiendo entre medio de formas petrificadas de hombres y animales salvajes. Fijó su mirada en el reflejo de Medusa en el escudo, y con la guía de Atenea le cortó la cabeza. Sopresivamente, del cadaver de Medusa surgieron, completamente formados, el caballo Pegaso, y el guerrero Crisaor, que sostiene una cimitarra de oro. Eran los hijos de Medusa y Poseidón. Antes de seguir peleando con esas criaturas guardó la cabeza  en el zurrón, y se colocó el yelmo de Hades, con lo que pudo huir sin que lo notaran Estenos y Euríale que se despertaron con el alboroto provocado por sus sobrinos recién nacidos.

Perseo descendió al sur, donde llegó al palacio del titán Atlante, a quien convirtió en montaña, usando la cabeza de Medusa, en castigo por su inhospitalidad. En su viaje de regreso pasó por el desierto cerca de Egipto, donde al caer gotas de sangre de la cabeza de la gorgona se formaron serpientes venenosas.

[caption id=”attachment_67” align=”alignleft” width=”225” caption=”Andromeda encadenada, por Gustave Doré”][/caption]

Mientras rodeaba la costa de Filistia divisó en la costa a una mujer desnuda encadenada a una roca. Era Andrómeda, la hija del rey etiope Cefeo y de la reina Cassiopea. Cassiopea se había jactado de que ella y su hija eran más bellas que las Nereidas. Estas ninfas del mar se quejaron ante Neptuno, que envió a un monstruo marino a arrasar las costas de Filistia. Los sacerdotes de Amón, consultados por Cefeo, recomendaro sacrificar a Andrómeda al monstruo, de modo de aplacar la ira de Poseidón.

Mientras volaba hacía Andrómeda, Perseo notó a la pareja ansiosa de Cefeo y Cassiopea, y se dirigió a ellos, tras consultarles, les ofreció destruir al monstruo a cambio de la mano de su hija. Perseo se elevó, sacó la cabeza del zurrón y descendió con la hoz desenvainada, el monstruo fue decapitado. Mientras rescataba a la princesa, dejó la cabeza sobre una roca, inmediatamente las algas que estaban allí se transformaron en coral.

Cefeo y Cassiopea no tenían muchas ganas de honrar la promesa, pero Andrómeda insistió en que se realizara la boda de inmediato. El banquete de bodas fue interrumpido por Agenor, quien al mando de un grupo armado atacó a Perseo. Cassiopea le había llamado para que matara al héroe. Perseo se defendió heroicamente, pero como le superaban en número se vió obligado a sacar la cabeza de la gorgona una vez más y petrificó a sus contrincantes.

Perseo pudo por fin llegar a Serifos, llevándose a Andrómeda. Allí se encontró con su madre Danae y Dictis quienes se encontraban amenazados por Polidectes. De este modo Perseo se entera de la treta del rey y se dirige al palacio de Polidectes y le sorprende en un banquete. Al llegar le declara que tiene en su poder el regalo prometido, los cortesanos y el rey lo insultan, y Perseo saca la cabeza del zurrón y la alza ante ellos, desviando la vista. Polidectes y su corte quedan convertidos en piedra.

Perseo entrega la cabeza a Atenea y establece como rey de Sérifos a Dictis. Luego se embarca con Andrómeda y su madre a su natal Argos.  Acrisio al enterarse de que su nieto se acerca huye a la ciudad de Larisa, donde se celebraban los funerales del rey Teutámides. Sucedió que se decide celebrar unos juegos en honor del difunto, y Perseo es invitado a participar en estos, donde se inscribe en una competencia quintuple. Cuando le llega el turno de lanzar el disco, este es desviado por el viento y la voluntad de los dioses y golpea en la cabeza a Acrisio, que presenciaba oculto los juegos, matándolo al instante, con lo que se cumple la profecía.

Afiligido Perseo entierra a su abuelo en el templo de Atenea, su protectora. Avergonzado se dirige a Tirinto, donde gobernaba el sobrino de Acrisio, y le ofrece intercambiar los reinos. Perseo gobierna Tirinto, pero funda la ciudad de Micea, la que fortificó con ayuda de los cíclopes.

Con respecto a Pegaso, fue Belerofonte quien finalmente doma al caballo alado, y con su ayuda derrota a Quimera. Belerofonte orgulloso por sus hazañas emprende un vuelo orgulloso hacia el monte Olimpo, como si fuera inmortal, pero Zeus envía un tábano que pica a Pegaso, haciendo que se encabrite arrojándo a Belerofonte hacía tierra. Sin embargo, el caballo alado logra llegar al Olimpo, donde Zeus lo utiliza para cargar sus rayos.

[caption id=”attachment_68” align=”aligncenter” width=”300” caption=”Bellerofonte sobre Pegaso, derrotando a Quimera”]Bellerofonte sobre Pegaso, derrotando a Quimera[/caption]

Fuente:  ”Los mitos griegos, volumen 1”, por Robert Graves, Alianza Editorial.

Imágenes de Wikipedia.

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